sábado, 3 de diciembre de 2011

UN DEGENERADO QUE FUE ATADO A UN ÁRBOL

No debía haberlo intentado,
tuvimos la oportunidad de cerrar su puerta
a la vida
y no lo hicimos.

Nosotros éramos casi niños
con la conciencia vacía
las manos vueltas del revés
y la saña de los educadores
en los rincones nocturnos de la desolación.

Pasaron estas cosas,
pero no pudieron con nuestra densidad
ni  con el dominio de las palabras,
y aunque mantuvimos la duda
de si  eliminar al degenerado,
no lo hicimos.
Preferimos atarlo a un árbol
y señalar su procedencia con un cartelón sobre la cabeza
por si los invisibles que  colaboran con nosotros
consideraban otra decisión..

Despues de silbar varias melodías,
seguimos por una calle inventada
procurando creernos en una ciudad benévola
complaciente con los torturados de infancia
y en connivencia con los rayos del bien.

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